Contactar con Liruch.
No sé en qué momento nos convencimos de que conocer a alguien tenía que ser una especie de examen con trampas, pero últimamente me da la sensación de que muchas citas vienen con instrucciones ocultas. Yo soy bastante más simple: me gusta la gente que sabe lo que quiere, que lo dice sin mareos y que, si no lo sabe del todo, al menos tiene la valentía de explorarlo con honestidad. Porque sí, cuando tienes claro lo que buscas, todo se vuelve más fácil… hasta que te cruzas con alguien que va improvisando según sopla el viento.
Te cuento una anécdota reciente que todavía me hace reír (y un poco sonrojarme). Quedé con un chico para tomar algo “tranquilo”. Ya sabes: una copa, conversación, risas y cada uno a su casa. Él insistió en un sitio con música suave “para poder hablar”. Perfecto. Llegué, me senté, y en menos de diez minutos ya me había contado su teoría del amor, su ex (dos veces), su plan de vida a cinco años y, por alguna razón, su opinión sobre cómo deberían colocarse los cubiertos en una mesa. Yo solo pensaba: “vale, interesante, pero… ¿y tú quién eres cuando no estás en modo discurso?”.
La cosa se puso mejor cuando, con una seguridad tremenda, me dijo que le encantaban las mujeres directas y que odiaba los juegos. Así que decidí hacerle caso y ser directa: le pregunté qué buscaba realmente. Se quedó mirando la carta como si escondiera las respuestas y soltó: “pues fluir”. Yo, que intento ser comprensiva, le respondí: “genial, pero fluir hacia dónde”. Se rió, se atragantó con la bebida y dijo algo tipo “ya veremos”. En ese momento, como si el universo quisiera rematar la escena, empezó a sonar una canción bastante sugerente y, al mismo tiempo, el camarero dejó caer en nuestra mesa, por error, una cuenta con dos copas de más y un postre con forma… digamos que claramente no era inocente. Él se puso rojo, yo me reí, y el camarero dijo: “perdón, me he liado, pero oye, si lo necesitáis, yo no juzgo”.
Lo gracioso (y un pelín erótico, para qué negarlo) es que esa mezcla absurda de canción, postre indecente y comentario del camarero generó una tensión de las que se notan en la piel. Nos miramos, hubo un segundo de silencio y pensé: “mira, por fin algo auténtico”. Pero justo cuando parecía que íbamos a dejar de actuar como dos robots en una entrevista, volvió a decir “vamos viendo”. Y se me pasó. Me encanta el deseo, la chispa y el juego, pero no con alguien que se esconde detrás de frases vacías.
Yo estoy en un punto de mi vida en el que valoro lo sencillo: conversaciones que no sean un interrogatorio, planes que no se queden en promesas, y una conexión que se construya sin prisas pero sin excusas. Me gusta reírme, hacer planes de esos que te arreglan la semana (desde una cena improvisada hasta una escapada de un día), descubrir sitios nuevos aunque sea a la vuelta de la esquina, y también quedarme en casa si el plan es bueno: vino, charla, música y esa sensación de “qué a gusto”. Soy curiosa, tengo un humor un poco irónico (del bonito), y me encanta la gente que sabe escuchar tanto como hablar.
No busco perfección. Busco claridad. Alguien que tenga ganas de conocer de verdad, que sepa coquetear con clase y que no se asuste si nota química. Alguien que entienda que la atracción no está reñida con el respeto, y que cuando se dice “vamos a vernos”, se ve.
Si tú también estás cansado de lo ambiguo, si te apetece una cita que empiece con una buena conversación y pueda terminar con lo que nos apetezca a los dos (sin guiones prefabricados), escríbeme. Dime qué te ilusiona últimamente, qué plan te gustaría hacer y, sobre todo, si tú la mereces… porque yo, desde luego, no tengo ganas de perder el tiempo.
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kamasutra...probamos?
Chico 20 a 30
acomplejada
Paso de los hombres
the_best
Quedar , follar y fuera
Busco amigos y despues a mi media naranja
Bueno, amistad y que lliego pase lo que tenga que pasar
Espero que todo bueno

