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No busco a alguien perfecto ni un catálogo de virtudes ensayadas. Me interesa mucho más una persona auténtica, con su historia, sus manías, sus fallos y su manera de mirar la vida. Para mí, la clave está en la actitud: una sonrisa a tiempo, una conversación que fluya sin presión y esa sensación de estar con alguien con quien puedo ser yo misma sin tener que demostrar nada. Si eres de los que se ríen de sí mismos, de los que entienden que equivocarse también es aprender y de los que no van por la vida compitiendo, es muy probable que ya estemos en el mismo equipo.
Me gusta lo diferente y lo imperfecto porque ahí es donde suele estar lo interesante. Las personas no somos un producto terminado: mejoramos con los errores, con las experiencias, con las conversaciones honestas y con esas pequeñas decisiones diarias que nos hacen crecer. Por eso, lo que busco es una persona 100% real. Alguien que no venga a vender una imagen, sino a compartir momentos. Alguien que tenga ganas de reír, de improvisar planes, de decir “vamos” sin pensarlo demasiado, pero también de quedarse a gusto en una tarde tranquila cuando el cuerpo pide pausa.
En esta etapa de mi vida valoro mucho la calma bien entendida: la que no es monotonía, sino estabilidad. Me apetece rodearme de gente que sume, que no dramatice por todo y que sepa comunicarse. Me encantan las charlas que empiezan con una tontería y acaban hablando de sueños, viajes pendientes o de esas cosas que nos dan miedo admitir. Soy curiosa, disfruto aprendiendo (aunque sea algo pequeño) y me gustan los planes que no se sienten forzados: un café sin mirar el reloj, una cena sencilla con buena conversación, una exposición, una escapada de un día o una tarde de paseo para despejar.
También soy de las que disfrutan los detalles cotidianos: descubrir un sitio nuevo para merendar, probar una receta sin seguirla al pie de la letra (y reírnos si sale regular), poner música y cantar sin vergüenza aunque no dé una nota. Me gusta la gente con iniciativa, pero sin imponerse; con humor, pero sin faltar; con seguridad, pero sin ego.
Si te preguntas qué podríamos hacer para pasar el rato, lo tengo claro: me encanta la idea de perder el tiempo a propósito en un lugar típico como el Muelle Uno, paseando sin prisa, mirando tiendas, tomando algo con vistas y comentando la vida como si fuera una serie. O una tarde en la Alcazaba, caminando, haciendo fotos de rincones bonitos y terminando con un helado mientras buscamos el mejor sitio para sentarnos a hablar. No necesito un plan caro ni espectacular: necesito conexión y ganas.
Me atraen las personas que cuidan los pequeños gestos: puntualidad, educación, coherencia y sentido del humor. Y sí, si me haces divertirme ya tienes puntos ganados, pero no por un chiste fácil, sino por esa complicidad que se crea cuando dos personas se entienden y se sienten a gusto.
Si te apetece conocer a alguien con los pies en la tierra, con ganas de sumar y de vivir momentos bonitos (sin prisas, sin máscaras y sin juegos raros), escríbeme. Cuéntame qué te hace reír de verdad, qué plan te gustaría repetir cada semana y qué cosa imperfecta de ti te parece la más humana. A partir de ahí, vemos si la conversación se nos hace corta.
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