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Me apetece conocer a un chico con el que tomar una copa y echar un buen rato de charla, sin prisas y sin guiones raros. Lo digo porque hace poco me pasó algo muy mío: entré en un chat pensando que iba a ser lo típico, frío y aburrido… y como soy bastante despistada, no me di cuenta de por dónde iba la cosa hasta casi el final. Al principio parecía una sala de espera eterna, y justo cuando estaba a punto de salirme, de repente se animó demasiado. Y ahí me salió lo de siempre: ni tanto ni tan calvo. Ni quiero planes sosos que se quedan en “hola, qué tal” para siempre, ni me interesa que a los cinco minutos todo vaya acelerado.
Me gustaría un plan sencillo, real y con un punto de ilusión: quedar para tomar algo, conversar, reírnos un poco y ver si hay esa química tranquila que se nota sin forzar. Me encanta la gente con conversación, de la que sabe hablar de lo cotidiano y también de lo que le mueve por dentro: qué le ilusiona, qué le da pereza, qué cosas está aprendiendo últimamente. Yo ahora estoy en una etapa en la que valoro mucho la calma, la buena educación y el sentido del humor. No soy de dramas ni de jugar a despistar; si conectamos, lo diremos, y si no, pues al menos nos habremos tomado una copa a gusto.
Soy de las que disfrutan los planes de “a nuestra edad” que te dejan buen sabor de boca: una terraza cuando se puede, una cena improvisada sin postureo, una caminata para despejar la cabeza, una película con debate después (sí, de esas veces que terminas comentando más que viendo). También me gusta descubrir sitios nuevos y tener pequeñas rutinas que hacen la vida más fácil: un café bien hecho, música de fondo mientras ordeno cosas, o una conversación que te hace olvidar el móvil un rato.
Con la comida soy bastante de aquí, de lo de toda la vida, y me tira lo casero. Me gustan mucho las migas porque tienen ese punto reconfortante y de compartir, y porque con uvas o con lo que toque se convierten en un plan en sí mismo. El jamón de la zona también me parece un lujo sencillo: no necesita complicarse para estar bueno, y para mí es de esas cosas que dices “esto sí”. Y si hablamos de ternasco, me encanta cuando está bien hecho, jugoso, con ese sabor que te deja con ganas de repetir. No soy muy fan de lo excesivamente grasiento ni de lo que mata el sabor con salsas pesadas; prefiero que se note la calidad y el punto.
¿Qué busco exactamente? Alguien normal en el mejor sentido: respetuoso, con iniciativa para quedar, que no se pierda en mensajes eternos sin avanzar, y que entienda que conocerse es un proceso. Me gustan los hombres que saben escuchar, que no tienen miedo a ser naturales y que no confunden intensidad con ir deprisa. Si eres de los que piensan que una buena cita empieza con una conversación fácil y termina con ganas de repetir, seguramente nos entendamos.
Si te apetece, escríbeme con algo más que un “hola”. Cuéntame qué te gusta hacer en tu tiempo libre, cuál sería tu plan ideal para una primera copa, o qué prefieres: ¿vino, cerveza, vermut o un combinado sencillo? Yo prometo lo mismo: cercanía, educación y ese punto de picardía bien llevada… ni tanto ni tan calvo.
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Tomar una copa, antes estaba casada y era como una de esas mujeres casadas súper decocadas y alocadas
Tomar una copa, ojalá se repita igual sii
Tomar una copa, mi pasion supera todos los límites
Tomar una copa
Tomar una copa, no me gustaban porque iban de sobrados y en plan de aquí estoy yo
Tomar una copa, para mí un hombre tiene que ser maduro en todo
Tomar una copa, estoy trabajando en el servicio doméstico y voy a montar mi propio negocio dedicándome a las uñas y a las pestañas

